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Queridos Hermanos, colaboradores, asociados, miembros todos de la Familia Lasallista:
Roma 19 de junio del 2000
Hno. Álvaro Rodríguez Echeverría
Superior General |
Reciban un fraternal saludos esperando que se encuentren gozando de mucha paz y de mucho ánimo en el desempeño del ministerio que el Señor les ha confiado. He recibido cientos de mensajes de parte de Ustedes y me gustaría responder personalmente a cada uno, pero temo que no será posible y es por eso que por este medio, que durante el Capítulo nos ha permitido conocer lo que estábamos viviendo, que me permito darles las gracias. Gracias por sus sentimientos de apoyo fraterno venidos de todos los continentes. Gracias por la promesa de su oración, mencionada prácticamente en todos sus mensajes y que me ha dado alegría y fortaleza. Gracias por su amor y fe en nuestro Instituto y en la misión Lasallista.
Hermanos, colaboradores y asociados, Familia Lasallista, creo que es para nosotros la hora de la esperanza de una esperanza que brota de la fe y de la certeza del amor gratuito de Dios siempre cercano que guía la historia de los hombres y mujeres con sabiduría y amor y en cuya obra estamos comprometidos.
Una esperanza que brota de los múltiples signos de vida que descubro en el Instituto y en nuestra Familia Lasallista. Entre otros puedo señalar: la calidad humana y religiosa de muchos lasallistas; el testimonio de fidelidad de nuestros mayores; la fraternidad como signo distintivo; el deseo de responder a las necesidades de hoy y a las nuevas pobrezas; la actitud de respeto a la persona y la amplitud de miras que generalmente percibo en los Hermanos y demás lasallistas; la increíble riqueza de nuestra espiritualidad encarnada y unificadora; los esfuerzos que se viven en el campo de la pastoral vocacional y la formación inicial; la inculturación progresiva del carisma lasallista y sus nuevos rostros; el compartir misión y espiritualidad por parte de los asociados en movimientos ya existentes como Signum Fidei o en nuevas formas que comienzan a tomar cuerpo; los movimientos juveniles y el voluntariado; la riqueza de un Instituto internacional; las inquietudes espirituales de muchos Hermanos jóvenes; una mayor sensibilidad ante el ecumenismo y el diálogo interreligioso...
Los desafíos hoy son también enormes pero no estamos solos sabemos que contamos con el Señor y que nuestra oración constante y nuestra fraternidad son capaces de alcanzar lo que hoy nos puede parecer irrealizable.
Cuenten Hermanos y miembros todos de la Familia Lasallista con mi oración de intercesión de cada día ante el Fundador. Que él nos llene de su espíritu para continuar su obra respondiendo "con celo ardiente a las llamadas del Señor, de la Iglesia, del mundo, para procurar la gloria de Dios" (Regla 149).
Fraternalmente en de La Salle |
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