SEGUNDA INTERVENCIÓN DE MARIELLA TRUCCHI
19 de mayo de 2000
Reverendísimo Superior General, Hermano John Johnston, Hermanos Capitulares y Consultores seglares:

También para mí es un gran honor y una satisfacción estar aquí presente en esta circunstancia particular y agradezco con ustedes al Visitador Provincial de Roma, Hermano Mario Presciuttini por haberme dado la posibilidad de hacer personalmente la presentación de este libro.

Implicada directamente en el tema concreto confiado a Elena sobre la relación entre el músico Gounod y el Fundador, he colaborado en el trabajo y he pensado, desde el comienzo de la investigación, hacer referencia, para presentar la vida de La Salle, pionero de la educación de los niños pobres, al contenido de la Carta Apostólica promulgada, en forma de Breve, por el Papa León XIII ad perpetuam memoriam con ocasión de la beatificación de La Salle ocurrida el 19 de febrero de 1888.

La biografía del compositor Charles Gounod, por el contrario, ha supuesto un largo estudio de varios textos franceses para la reconstrucción de los hechos más salientes de su vida.

Fascinada por estas dos figuras carismáticas, que vivieron en épocas lejanas y con experiencias de vida diferentes, me he preguntado qué razones movieron a Gounod para componer, más de una vez, obras musicales dedicadas a La Salle y qué elementos unieron o por el contrario diferenciaron a los dos personajes. He aquí las primeras conclusiones: el mismo país de origen, Francia, la misma espiritualidad transmitida a ellos en los estudios teológicos realizados en el Seminario de San Sulpicio (Gounod, en efecto, frecuentó durante algunos meses el Seminario y firmó sus cartas "Abbé Ch. Gounod"), aquel anhelo divino que llegó a ser cada vez más ardiente en los momentos de crisis y de conflicto interno, son los elementos que aproximan más al músico y al Santo.

Lo que por el contrario diferencia fundamentalmente a las dos personalidades se deriva precisamente de su naturaleza: fluctuante, no lineal y esteticista la del músico Gounod, plena entereza de ánimo, perseverancia y humildad la de La Salle, cualidades subrayadas por el mismo Papa León XIII en el Breve del 19 de febrero de 1888.

Gounod, en honor a la verdad, ha tenido el valor, en los últimos años de su vida, de reconocer las propias debilidades y de acercarse definitivamente a Dios. En efecto, recordando en su vejez lúcida la estancia en Inglaterra prolongada por una crisis conyugal y moral durante los años de la guerra franco-prusiana, pensó permanecer en Londres "para vivir allí el gran error de su vida".
Es por tanto esta firmeza de ánimo del Fundador, su constante amor a Dios y su ejemplo de humildad, unidos a la fama de la obra incansable de los Hermanos en pro de la educación humana y cristiana de los niños pobres, que son los factores principales que han suscitado la admiración y la simpatía del músico, hasta hacerle componer estas bellísimas páginas musicales.

Espero que el trabajo presente pueda contribuir a divulgar en la sociedad contemporánea el conocimiento de San Juan Bautista de La Salle, cuya figura ha inspirado e inspira aún hoy día la actividad creativa de hombres geniales.

Termino recordando algunos versos finales de una poesía del escritor argentino, fallecido hace unos meses, Jorge Luis Borges, dirigidos a su amada esposa: "En tu mano y en mi mano, Elsa, miramos la nieve que cae lenta y la amamos". Utilizando la metáfora en este momento digo: "En tus manos están nuestras manos, oh La Salle; miramos juntos crecer tu obra y la amamos".
Recuerdo y agradezco a algunas personas aquí presentes que nos han apoyado y animado en nuestro trabajo: al H. Superior General, John Johnston, al Vicario General, H. Alvaro Rodríguez Echeverría, al Consejero H. Martín Corral Alcalde, al Postulador General H. Rodolfo Meoli, al Bibliotecario H. René Galière, al Archivero H. Andrè Rocher y a todos ustedes por la atención.
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