COMENTARIOS FINALES A LOS COLABORADORES LASALIANOS

19 de mayo

Hermano John Johnston
Superior General
Colaboradores lasalianos, consultores y capitulares, el Espíritu Santo concedió a Juan Bautista de La Salle un don extraordinario para el servicio de los demás. La Salle creció gradualmente y de forma progresiva en su comprensión de la naturaleza de este don. Comunicó su comprensión a los que habían discernido una llamada para unirse a él en esta nueva aventura. Les dijo que habían recibido su vocación porque Dios quiere que los niños y jóvenes, particularmente aquellos que la sociedad desatiende, margina y excluye, lleguen al conocimiento de la verdad y se salven. Esa es la razón, les dijo, por la que Dios había iluminado sus corazones y les había permitido conocer que eran elegidos no sólo para ser buenos educadores, sino también ministros de la juventud y aún más, la presencia amorosa de Jesucristo entre los jóvenes.

Hoy llamamos al don que el Fundador recibió, un carisma. También en nuestra época hemos discernido que Dios llama a personas a vivir este carisma no sólo como Hermanos de las Escuelas Cristianas, sino también de otros modos: como colaboradores, como asociados, como religiosas consagradas y como miembros consagrados y asociados de la Unión de Catequistas. Nos encontramos hoy en esta Sala Capitular porque creemos que Dios nos ha elegido para vivir este carisma y además nos ha pedido ejercerlo en un servicio especial de liderazgo.

El hecho de participar del carisma de Juan Bautista de La Salle nos hace Lasalianos y miembros de una familia internacional. Durante estas dos semanas juntos, hemos tenido una experiencia extraordinaria de comunión, una experiencia que a la vez ha expresado y alimentado nuestra unión como Lasalianos. Sabemos ahora más sobre nuestra misión en el mundo. Nos sentimos más unidos con los que representamos: los 68.000 Lasalianos que sirven en nuestras escuelas y centros y los miles de padres, antiguos alumnos, amigos y bienhechores que colaboran con nosotros. Nos sentimos unidos particularmente con los casi 800.000 alumnos que en la actualidad Dios confía a nuestro cuidado. Hemos ahondado en nuestra convicción de que el carisma lasaliano es esencialmente un don de Dios para la educación de los niños y jóvenes, especialmente de los pobres. Somos Lasalianos para ellos.

Los Lasalianos viven en una interrelación con todas las comunidades, grupos y movimientos de la Iglesia. Por esta razón colaboramos en armonía y eficazmente con la jerarquía, las organizaciones diocesanas, las asociaciones de fieles y otros institutos religiosos. Dialogamos con los protestantes, ortodoxos, judíos, musulmanes, budistas, hindúes y miembros de las demás religiones, procurando la mutua comprensión y las relaciones caritativas. Con ellos nos comprometemos a colaborar en favor de los pobres en nuestros sectores y en la búsqueda de la justicia y de la paz. Los Lasalianos colaboran también con la comunidad cívica y ponen a disposición los recursos e instalaciones, cuando es posible, para reuniones de jóvenes, educación básica y permanente, retiros, encuentros, deportes, ratos de ocio, etc.

En resumen los Lasalianos constituyen una comunidad mundial de personas comprometidas en generar comunión. Cuando ejercemos nuestra misión educativa, contribuimos a crear un mundo en el que los hombres, las mujeres y los jóvenes puedan vivir juntos con dignidad, justicia y paz como hijos e hijas de Dios y como hermanos y hermanas entre sí.

Había preparado las palabras que acabo de leer hace cinco semanas. Me siento feliz al decir que este Capítulo está moviéndonos en la dirección que he señalado en estas observaciones. El Capítulo está ayudándonos a conceptualizar y expresar con lenguaje inteligible nuestra experiencia vivida de asociación y misión lasalianas. Nos movemos hacia una comprensión nueva, original y apasionante de la misión y asociación lasalianas. Una comprensión que nos hará capaces de actualizar el enorme potencial de nuestra familia internacional para la educación de la juventud, especialmente de los pobres, en todo el mundo.

Nos movemos muy bien. Por supuesto tenemos que integrar el trabajo de las diversas comisiones. Tenemos que adoptar todavía decisiones importantes. Con todo, me siento satisfecho personalmente con el movimiento del Capítulo. Y ustedes, colaboradores, tienen una contribución importante - indispensable - en este esfuerzo.

Cada vez más pensamos de nosotros mismos como personas que viven de diversas maneras el carisma que Dios concedió a Juan Bautista de La Salle. Hemos sido claros en respetar las diferentes identidades de los que constituyen esta asociación: Hermanos, colaboradores, asociados, Hermanas, miembros de la Unión de Catequistas. Estamos buscando aún el lenguaje más adecuado y otras precisiones. Todo eso llegará con el tiempo. No hemos elegido todavía un nombre para esta asociación pero está claro que somos en efecto LASALIANOS INTERNACIONALES. Nos comprometemos a una nueva y, espero, eficaz manera de educar a los pobres y educar en la justicia. Buscamos formas de hacer nuestra asociación internacional una fuerza que sea eficaz en cambiar las situaciones y estructuras injustas. Nos esforzamos por comprender qué significa ser "catequistas por vocación" en situaciones que podemos describir como cristianas, en situaciones que podemos llamar descristianizadas y en situaciones donde la mayoría de nuestros jóvenes y colaboradores pertenecen a otras religiones. Nos movemos hacia una nueva y más profunda comprensión del diálogo interreligioso y ecuménico. Porque creemos en Jesucristo - porque y no aunque creemos - porque creemos en Jesucristo, acogemos sus creencias con respeto total, incluso aunque ese respeto no sea recíproco. Dialogamos entrando en relaciones fraternas, trabajando juntos por la promoción social, y por la justicia y la paz.

Si esta nueva Asociación de Lasalianos - cualquiera que sea el nombre que decidamos - va a ser
algo más que una pía unión de personas y grupos, debe tener sus propias estructuras, estructuras que sean eficaces. Creo que necesitamos tener comisiones permanentes de Lasalianos a todos los niveles. Además, creo que debemos tener algún tipo de asamblea internacional de representantes de los lasalianos para iniciar las reflexiones sobre las futuras direcciones de la asociación y misión lasalianas y sobre las formas como podemos y debemos colaborar. Puesto que todos los lasalianos deben tener voz y voto si la asociación internacional va a tener sentido, creo que una decisión para organizar tal asamblea podría ser la decisión más importante de este Capítulo.

Admitida, la organización en todos sus aspectos será una tarea formidable. Pero ¡tenemos que dar algo que hacer al nuevo Superior y al nuevo Consejo!

Colaboradores lasalianos, gracias por estar con nosotros. Han realizado una contribución extraordinaria. Agradezco también a sus familias por aceptar su ausencia y les expreso mi pesar por cualquier molestia que hayan sufrido. Vinieron ustedes a Roma sin saber lo que les esperaba. Sospecho que vuelven a sus países no sabiendo lo que les espera. Probablemente se preguntan cómo comunicarán a los demás lo que ustedes han vivido y cómo darán cumplimiento a lo que el Capítulo ha decidido. Nosotros los Hermanos comprendemos sus sentimientos, porque nos enfrentamos al mismo desafío. Es importante que permanezcan en íntimo contacto con los Hermanos de su distrito y región y participen activamente en los programas diseñados para comunicar los resultados del Capítulo a los demás Lasalianos.

Cuando oigan su nombre, sírvanse pasar adelante. Es un placer darles como obsequio una medalla, que espero les servirá para recordarles la experiencia de estas dos semanas. En una cara está la imagen del Santo de La Salle y en la otra la Casa Generalicia. La Casa Generalizia ha sido el "hogar" para ustedes durante estas dos semanas y les aseguro, continuará siendo su hogar siempre que tengan la oportunidad de volver a Roma.
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