A LOS HERMANOS VISITADORES DE EUROPA
VIENA 26 de noviembre de 2000

Hermano Alvaro Rodríguez Echeverría
Superior General

El 22 de octubre de 1999 al finalizar el Sínodo sobre Europa los Obispos hacían un fuerte llamado a no perder la esperanza y esos son mis sentimientos al dirigirme a los Hermanos Visitadores de Europa reunidos en Viena. (Que el Dios de la esperanza y de la vida esté con nosotros!

Los obispos afirmaban: El hombre no puede vivir sin esperanza: su vida, condenada a la insignificancia, se convertiría en insoportable. Pero esta esperanza es debilitada, atacada y destruida cada día por muchas formas de sufrimiento, de angustia y de muerte que atraviesan el corazón de muchos europeos y de todo nuestro Continente. No podemos evitar de hacernos cargo de este desafío.

Pero al mismo tiempo los Obispos eran conscientes que la esperanza es una realidad, porque Jesús es el Dios-con-nosotros, es el Resucitado siempre viviente en su Iglesia que actúa para la salvación del hombre y de la sociedad.

Animados por esta fe reconocían los múltiples "signos de esperanza", pequeños y grandes, suscitados y alimentados por el Espíritu. Entre otros señalaban:

la gran cantidad de mártires que han vivido en este siglo, tanto en los países del Oeste como en los del Este;
la santidad de muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo, no sólo de los que han sido proclamados oficialmente por la Iglesia, sino también de aquellos que, con sencillez y en la existencia cotidiana, han vivido con generosa dedicación su fidelidad al Evangelio;
la libertad de las Iglesias del Este europeo;
la creciente concentración de la Iglesia en su misión espiritual, junto a su compromiso para vivir la primacía de la evangelización, también en las relaciones con la realidad social y política;
la presencia y la difusión de nuevos movimientos y comunidades, a través de los cuales el Espíritu suscita una vida cristiana, marcada por un radicalismo evangélico mayor y un impulso misionero;
la irradiación de una renovada dedicación al Evangelio y de una generosa disposición al servicio, suscitadas por el mismo Espíritu entre las personas consagradas, las asociaciones de laicos, los grupos de oración y de apostolado, en diversas comunidades juveniles;
la creciente presencia y acción de la mujer en las instituciones y ámbitos de la vida de la comunidad cristiana; el camino ecuménico recorrido.

Quisiera con Ustedes leer en clave lasaliana estos signos y estoy seguro que conmigo descubrirán también la presencia del Señor. Como dice el Salmo el Señor ha sido grande con nosotros y estamos alegres.

Nosotros también contamos en Europa con un número extraordinario de mártires;
con muchos Hermanos y miembros de nuestra Familia que se han santificado en estas tierras;
renacemos en el Este europeo;
buscamos nuevas formas de evangelizar adaptadas a la nueva realidad;
surgen ricas experiencias de asociación, nuevos movimientos y comunidades que si bien no sabemos dónde nos van a llevar estamos seguros que son un kairós, un momento de gracia para nuestro Instituto;
los grupos juveniles se consolidan en torno al Evangelio;
el carisma se enriquece con el aporte femenino;
nuestras escuelas se convierten en lugar de diálogo ecuménico e interreligioso en una realidad cada día más plural.

Hermanos Visitadores teniendo como telón de fondo el panorama que acabamos de presentar quisiera compartir con ustedes a la luz del último Capítulo General algunas de las prioridades que considero importantes para el Instituto y de manera particular para nuestro Instituto hoy en Europa.

Quisiera partir de una definición del Hermano hoy. Para mí es sobre todo un consagrado a Dios en comunidad para el servicio educativo de los pobres y a partir de ellos de los jóvenes. Esta definición me lleva a hacer las siguientes reflexiones:

Nuestro Instituto nació en la frontera de una deshumanización: un mundo juvenil alejado de la salvación, sin posibilidades de alcanzar ni la realización humana ni la cristiana. Ser fieles a nuestro carisma significa hoy para nosotros responder con creatividad a las nuevas formas de deshumanización, a las nuevas pobrezas, a las llamadas que nos hace el mundo de los excluidos. Una presencia solidaria nos debe estimular a una creatividad fecunda en iniciativas propias y en la colaboración en las iniciativas ajenas.

Conscientes de que nuestro Instituto tiene como finalidad el servicio educativo de la juventud abandonada, de acuerdo a las situaciones diversas y a las necesidades locales debemos buscar la política adecuada a través de la cual esta opción se haga efectivamente prioritaria en los diversos niveles de la vida del Instituto. En los últimos 30 años hemos hecho en el Instituto un enorme esfuerzo por descubrir y ser fieles a nuestras raíces. Parecido esfuerzo debemos realizar hoy para desarrollar nuestras "antenas" y responder con creatividad a los problemas nuevos que hoy se presentan. Pienso en las nuevas pobrezas de Europa: emigrantes, droga, jóvenes sin sentido de la vida, jóvenes en búsqueda de un maestro espiritualY Es importante, también que los jóvenes más afortunados a los que también educamos se sensibilicen a estas realidades ya que toda escuela lasaliana debe hacer suya la causa de los pobres que hizo nacer.

Para una refundación de nuestra vida, creo que sin dejar de hacer esfuerzos por la renovación total de todas nuestras comunidades y obras debemos facilitar, en cada Distrito, la existencia de una o más comunidades y obras que fueran como " islas de creatividad" (Joe Holland), experiencias piloto que puedan ir abriendo caminos de futuro. Ante la realidad tan diversa del Instituto no habría que pensar en un Instituto a dos o más velocidades como se decía hace algún tiempo de la Unión Europea.

Un reto que se plantea al Instituto es cómo integrar una realidad cada día más pluricultural con un mundo cada vez más globalizado. En los últimos treinta años hemos privilegiado el principio de subsidiaridad y políticas centrífugas de acuerdo a los signos de los tiempos que han dado a las regiones, a los distritos, a las comunidades, a los centros educativos, al Hermano y a nuestros Asociados una mayor autonomía y responsabilidad. Sin renunciar a los logros alcanzados, )cómo favorecer también, en el mundo global que hoy vivimos, una política centrípeta a partir del principio de interdependencia, que permita un mayor diálogo entre las Regiones, en nuestro caso europeas, un mayor conocimiento mutuo, un mayor intercambio, una mayor solidaridad interdistrital.

Al contar con más vocaciones hoy en el Tercer Mundo, el Instituto en 7 años tendrá un rostro más pluricultural. Debemos abrirnos a esta realidad y ser muy sensibles a la misma favoreciendo el desarrollo de estos sectores y paulatinamente, mediante la formación de sus líderes, que puedan asumir la animación de los mismos. Los Hermanos misioneros europeos que han realizado una labor tan extraordinaria en estos sectores deben dar prioridad a esta dimensión. Lo más importante es el establecimiento del Instituto local si queremos asegurar su futuro. Hago mías las palabras del filósofo francés Edgar Morin: Pensar en Europa significa pensar en el mundo.

A la luz del 431 Capítulo General y en continuación del excelente trabajo que a nivel del CELAS europeo están realizando, el tema de la Asociación debe ser prioritario. ÇEl Capítulo nos invita a consolidar o a favorecer nuevas formas de Asociación que aseguren el futuro de nuestro carisma. Debemos buscar la manera de de abarcar las diversas posibilidades de vivir el carisma (Consagrados, Asociados, Colaboradores, Voluntarios, Educadores lasallistas, Grupos juveniles...) sin poner en peligro la identidad primera, original y siempre necesaria del Hermano (recuperando la centralidad de nuestro cuarto voto) y la preocupación por la Pastoral Vocacional. Y dentro de la nueva asociación a la que hoy se abre el Instituto, la comunidad de Hermanos juega un papel fundamental. Las relaciones gratuitas, igualitarias, serviciales, solidarias de los miembros de la comunidad y de ésta misma con otros grupos, son el mejor testimonio en un mundo abocado a las relaciones comerciales, discriminatorias, utilitarias, insolidarias. La comunidad de los Hermanos debería ser un laboratorio de convivencia justa y fraterna para los otros miembros asociados y para la sociedad.

Vivir como Instituto una nueva síntesis vital entre "mística" y "misión", entre experiencia fundante y realidad histórica. Estoy convencido que si sabemos unir mística con misión, el Instituto será capaz de vivir una nueva primavera, muchos jóvenes se sentirán interpelados por nuestra forma de vida y la formación inicial y permanente dará como resultado Hermanos y Asociados con "espíritu", capaces de responder a las necesidades de hoy. El fin último de nuestra vida de Hermano es buscar ante todo la gloria de Dios, hacer de Dios nuestro Absoluto. Puede ser que esta sea nuestra mayor laguna. )Hasta dónde nuestra vida religiosa es una experiencia de Dios? )En un momento en que se da un despertar de la búsqueda de la trascendencia, somos capaces de ofrecer una mística que atraiga? Reforzar nuestra espiritualidad y mantener viva la pregunta sobre Dios debe ser un ideal del Hermano hoy en Europa.

Pienso que hay tres propuestas capitulares a las que se debe prestar una especial atención en las regiones lasalianas de Europa. Me refiero a la propuesta 1 y unida a ella todas las que se refieren a la Asociación. Como lo señalaba anteriormente este tema debe ser para el Instituto prioritario, pero más todavía en la realidad europea con el descenso, que desgraciadamente parece se incrementará en los próximos años, del número de Hermanos activos. Muy importante sobre todo en vistas a los Hermanos más jóvenes me parece la propuesta 22: es importante elaborar un plan de la evolución de las obras y cambiar las estructuras que sea necesario cambiar en el cada distrito. No debemos esperar a que el agua nos llegue al cuello. Y en tercer lugar la propuesta 18, que no limito aquí al año dedicado a la comunidad sino a la renovación de nuestra vida comunitaria en la línea señalada de compartir la experiencia de Dios y ser mejores guías competentes de vida espiritual. Estoy convencido que el resultado de la vivencia de estas tres dimensiones repercutirá en una pastoral vocacional más atrayente y eficaz.

Finalmente no quiero olvidar una de las grandes preocupaciones de muchos distritos europeos. Me refiero al tema de nuestros Hermanos mayores. Creo que es una gracia contar con un número tan considerable porque su fidelidad es una parábola para todo el Instituto de que es posible y vale la pena entregar toda una vida a la mayor gloria de Dios mediante la asociación para el servicio educativo de los jóvenes especialmente los pobres. Los Hermanos y los distritos más jóvenes necesitan ese testimonio. El Capítulo hace una llamada a los Hermanos jubilados que estén en condiciones a seguir prestando su ayuda al servicio educativo de los pobres y a todos a continuar su misión en algún apostolado adaptado a su propia situación, y a ofrecer su presencia y oración (cf. Propuesta 21, Recomendación 20). Creo que esto debe inspirar las políticas distritales o regionales a su respecto sin olvidar la atención económica, humana y espiritual de estos queridos Hermanos.

CONCLUSIÓN

El jesuita brasileño Marcello de C. Azevedo sj, en su artículo "Challenges to European Religious", publicado en "Religious Life Review" de Irlanda hace ya varios años pide a los religiosos europeos que se abran a los cambios de su situación social, que levanten voces proféticas en su propia cultura y que apoyen en vez de aplastar la nueva función de la vida religiosa fuera de Europa. Que no se dediquen a las necesidades del pasado, sino que encaren los grandes problemas de la actualidad que afectan y dividen hoy a la gente.

Creo que es importante hoy en Europa plantearnos cuáles son nuestras preocupaciones. Si se dan en la línea del desarrollo individual, de la comodidad, la seguridad, la espiritualidad privada, la conservación de archivos o en el simple mantenimiento de obras pienso que no tendremos mucho futuro. Pero si somos un signo de esperanza más allá del número y la edad de los Hermanos, si hacemos visibles los valores evangélicos, si ofrecemos alternativas y significado a los jóvenes y respuestas a las nuevas pobrezas, sin duda nuestra vida creará interrogantes y, ) por qué no?, jóvenes dispuestos a seguir nuestros pasos.

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