"HERMANOS"
el nombre que más nos conviene


Día de Recolección
5 de mayo 2000

Hermano John Johnston
Superior General

No leemos a menudo al Canónigo Blain para penetrar en el sentido e importancia de nuestra vocación. Ni lo leemos normalmente como fuente de inspiración para vivir nuestra consagración a Dios con entusiasmo. Sin embargo, creo que el pasaje que acabamos de oír es extraordinario. El Canónigo Blain nos da una información valiosa y se expresa con lenguaje claro, en mi opinión conmovedor. Además, para nosotros, capitulares y consultores, este pasaje es pertinente y desafiante.

Algunos de los primeros discípulos de Juan Bautista de La Salle percibieron que Dios les llamaba a vivir una nueva forma todavía en evolución de consagración a Dios como educadores de los niños pobres. Ellos dejaron de ser "indecisos" y dijeron sí al Señor. Adoptaron "la uniformidad de estilo de vida y la igualdad en todas las cosas" y "se unieron para formar un solo cuerpo". Dirigieron las escuelas no por afán lucrativo sino "gratuitamente". Orientaron sus escuelas de tal modo "que Jesucristo podía reinar en ellas".

Para dar testimonio del nuevo concepto que tenían de sí, adoptaron un hábito común. Esta innovación, según Blain, les llevó al cambio de nombre. Decidieron que el nombre de "Maestros de Escuela" generalmente aplicado "a los que se dedicaban a tal función para su provecho" no era ya adecuado". Concluyeron que el nombre que les convenía y "les correspondía" era el de "Hermanos". Era el nombre que "la naturaleza da a los hijos que tienen la misma sangre y el mismo padre en la tierra y que la caridad adopta para los que tienen el mismo espíritu y el mismo Padre del Cielo". Por consiguiente dice Blain, adoptaron el nombre de "Hermanos". Llamaron a la nueva sociedad "Hermanos de las Escuelas Cristianas y Gratuitas".

Blain nos da su juicio personal sobre la elección que hicieron los Hermanos. Escribe que "esta denominación es justa, pues encierra la definición de su estado e indica los oficios de su vocación". Esta es una frase que merece reflexión. La misma palabra "Hermanos", dice, abarca el significado de su vocación y misión. Muestra a los Hermanos "la excelencia de su oficio, la dignidad de su estado, y la santidad de su profesión". Además, el nombre les recuerda "que la caridad que dio origen a su Instituto debe ser su alma y vida".

Estas palabras evocan el título de la primera de las Meditaciones para los días de retiro: "Que Dios en su Providencia ha establecido las Escuelas Cristianas". Dios en su Providencia, es decir, movido de amor e interés por los niños abandonados e incluso excluidos por la pobreza, iluminó los corazones de ciertas personas, llamándolas para dar cristiana educación a los niños pobres. Blain tiene razón, por tanto, cuando dice que la "caridad dio origen" al Instituto y que la "caridad" debe ser su "alma y vida".

En lenguaje que encuentro sorprendente, Blain les "dice" que Hermanos entre sí, deben dar pruebas recíprocas de tierna pero espiritual amistad". Les "dice", también "que debiendo considerarse como hermanos mayores de los que vienen a recibir sus lecciones, deben ejercer ese ministerio de caridad con corazón caritativo". La primera parte de esta cita ha animado no sólo a los Hermanos sino a los profesores lasalianos a ser los hermanos y hermanas mayores de sus alumnos. La segunda parte de la cita, sin embargo, merece ser mejor conocida. Como el mismo La Salle, Blain se refiere a la educación de los niños como a un "ministerio" y más concretamente a un "ministerio de caridad". Es un ministerio, escribe, que los Hermanos deben ejercer con "corazón caritativo".

La reflexión del canónigo Blain sobre el efecto que esta caridad debe tener en la vida de los Hermanos es extraordinariamente actual y apropiada para nosotros esta mañana: "La caridad", escribía, "debe dirigir todas las deliberaciones y conformar todos sus proyectos; ella tiene que ponerlas en marcha y en acción y debe regular todas sus gestiones, y alentar todas sus palabras y trabajos".

El pasaje que es objeto de nuestra meditación esta mañana recuerda a nuestra Regla, que describe a los Hermanos como hombres unidos en un solo espíritu, Hermanos entre sí, hermanos de los adultos a quienes tratan, y hermanos mayores de los jóvenes que se les confían, hermanos para todo.

El pasaje nos recuerda también la firme afirmación de Juan Pablo II sobre la vocación del Hermano. El término Hermano" dice, "encierra una "rica espiritualidad": una espiritualidad que les invita a vivir como hermanos de Cristo, hermanos entre sí, hermanos de todo hombre, especialmente de los más pequeños y los más necesitados". Es una espiritualidad que nos invita a hacer que reine "mayor fraternidad en la Iglesia". Además, viviendo su vocación, los Hermanos "proclaman a todos la palabra del Señor: Y vosotros sois todos hermanos y hermanas" (Mt 23, 8, Vita Consecrata, 60).

Capitulares y Consultores del Capítulo General, con Juan Bautista de La Salle y los primeros Hermanos compartimos la "misma sangre", el "mismo espíritu" y el "mismo Padre que está en los cielos". Ellos decidieron que el nombre de "Hermanos era el que más les convenía". A través de nuestra historia este nombre nos ha hecho un buen servicio. Ayudó a nuestros predecesores y nos ha ayudado a apreciar la excelencia, la dignidad de nuestro estado y la santidad propia de nuestra profesión.

Estamos orgullosos de ser Hermanos. Damos gracias a Dios por habernos escogido. Aceptamos con gratitud y humildad el privilegio y la responsabilidad de ser capitulares y consultores. Pedimos a Dios nos colme de la caridad que dio origen a nuestro Instituto, la caridad que hoy debe ser su alma y vida. Pedimos a Dios nos dé la luz que necesitamos para tomar decisiones que ayudarán a nuestros Hermanos, colaboradores y asociados a vivir nuestra historia fundacional. Hermanos, eso es lo que pretende este Capítulo General.

Amen.
Site Meter