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 Carta del H. Superior a los Jóvenes lasallistas
Québec, julio 2002
Hno. Álvaro Rodríguez Echeverría
Superior General
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(Esta alocución dada durante el Simposio Internacional de Jóvenes Lasallistas en Quebec, en julio de 2002, es el mensaje anual que el Hno. Superior General dirige a los Jóvenes Lasallistas.)
Queridos jóvenes lasallistas:
Es una gran alegría poder compartir hoy con ustedes en este maravilloso Coloquio internacional que nos reúne en Québec en nombre de La Salle. Quiero en primer lugar agradecer a los que han hecho posible nuestro encuentro. Espero sea la consolidación de un movimiento lasallista en el ámbito mundial que nos permita a lo largo y ancho de la geografía lasallista, presente en más de ochenta países, echar una mano en la construcción de una sociedad más fraterna. Fue para mí una sorpresa que el Papa en la carta que nos envió con ocasión del 350 aniversario del nacimiento del Fundador nos dijera: En este contexto animo a los Hermanos a hacer de sus casas escuelas de vida fraterna.asociando en este empeño a los jóvenes que les están confiados y a los seglares que colaboran en su misión, ayudándoles a todos a descubrir y compartir el carisma del Instituto. Me alegro de las iniciativas que ya han sido tomadas, como la creación de la "Red de Jóvenes lasallistas" que será beneficioso mantener y desarrollar. Nuestro Coloquio no tiene otra finalidad.
Vivimos hoy en un mundo globalizado y todo esfuerzo por globalizar los valores lasallistas vale la pena. Se trata de ver cómo introducir los valores que nos identifican y que se inspiran en el Evangelio en este movimiento globalizador, de manera que se transforme en una globalización de las oportunidades para todos, una globalización de la solidaridad, del amor, de la justicia y de la paz.
Pienso que en este empeño, ustedes jóvenes lasallistas tienen un papel muy importante que jugar. Quiero compartirles una experiencia vivida en estos dos últimos años como Superior General. Se trata de una experiencia doblemente vivida en el tiempo y en el espacio, casi en los dos extremos de América Latina, primero en León de Nicaragua y después en Temuco, Chile. Al hablar de la asociación a la que nos ha invitado nuestro último Capítulo General, no mencioné a los jóvenes. En ambos casos uno de ellos se levantó para decir que los jóvenes lasallistas también quieren asociarse con nosotros para vivir nuestro carisma.
Creo que estos jóvenes me hicieron caer en la cuenta de la enorme fuerza que puede representar el movimiento juvenil lasallista. A estas experiencias tendría que añadir el gran impacto que experimenté con la presencia alegre, fraterna y generosa de tantos jóvenes lasallistas durante las Jornadas Mundiales de la Juventud en Roma hace dos años. Estoy convencido que hoy en los inicios del siglo XXI el carisma lasallista puede ser una fuente de inspiración para sus vidas y sus proyectos.
Tradicionalmente hemos sintetizado nuestro carisma en tres dimensiones fundamentales que deben motivar nuestra acción. Estamos llamados, en primer lugar, a profundizar nuestra fe, para ver la realidad con los ojos de Dios y para descubrir que somos hijos o hijas de un Dios que nos ama gratuita e incondicionalmente. Esta experiencia se debe traducir en fraternidad o comunidad, porque el ser hijos de Dios nos debe llevar a sentirnos hermanos y hermanas de los demás y a construir juntos un mundo más justo. Finalmente la fraternidad debe desembocar en servicio porque la vida únicamente tiene valor si es para darla en favor de los demás, sobre todo los más pobres, los jóvenes en situación de riesgo, todos aquellos que en la vida han tenido menos oportunidades que nosotros.
San Juan Bautista de La Salle nos invita a contemplar el mundo con una mirada de fe. De tal manera que podemos decir que los dos lugares lasallistas del encuentro con Dios, son la REALIDAD y la PALABRA DE DIOS. La Salle siempre parte de una mirada contemplativa de la realidad. Se trata de una doble contemplación. Por un lado la del plan salvífico de Dios descubierto en su Palabra y en la oración; por otro, la contemplación histórica del abandono de los hijos de los artesanos y los pobres. Ambas contemplaciones llevan a la misma meta: poner los medios de la salvación al alcance de los jóvenes alejados de ella.
Se trata en realidad de un triple movimiento: ver la realidad, iluminarla con la Palabra de Dios, comprometerse en una acción transformadora. Este esquema es el que debe vivir todo auténtico joven lasallista. El encuentro con Dios en clave lasallista nunca será una búsqueda individualista, sino una aventura comunitaria, jamás será evasión del mundo, sino entrega y servicio.
A la luz de la Palabra el Fundador descubre el plan salvífico del Padre: "Dios es tan bueno, que no sólo ha creado a los hombres sino que quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (Med.193, 1). Siguiendo las huellas de nuestro Fundador estamos llamados también a integrar en nuestras vidas estas dimensiones. Para esto el Fundador nos da unos medios muy concretos que nacen de un "espíritu", que es impulso vital, fuerza interior, vida nueva. Se trata del espíritu de fe, simbolizado en la estrella de nuestro escudo, que se traduce en celo por la salvación del mundo.
1. Contemplar su rostro:
En primer lugar el espíritu de fe nos invita a contemplar la vida, los acontecimientos, la historia, como lugares de la manifestación de Dios. Se trata de mirarlo todo a la luz de la fe, o sea a la luz de Dios, y descubrirlo presente en su Palabra, en el hombre y la mujer, en el pobre, en la naturaleza, en la historia, en nosotros mismos.
¨ En el EVANGELIO, su Palabra siempre viva y actual. El Evangelio no es para La Salle un libro que trae una historia del pasado, sino la Buena Nueva de un Dios cercano que nos ama en nuestro "hoy". Y nos toca a nosotros hacer presente al mundo ese amor gratuito que experimentamos en nuestra vida
¨ En la PERSONA HUMANA hecha a imagen de Dios y revelación de su misterio.
¨ En el POBRE. Si en toda persona se refleja el rostro de Dios es sobre todo en el pobre donde su manifestación es mayor. El Fundador nos invita a "reconocer y adorar a Jesucristo bajo los pobres harapos de los niños" (Med. 96,3). Cuanto más poseamos esta mirada más atentos y sensibles seremos a todas las formas que se opongan al plan salvífico de Dios. El ser sensible y defender los derechos humanos, especialmente los de los niños, es parte de nuestra vocación lasallista.
¨ En la NATURALEZA, lugar de las maravillas de Dios. En esta naturaleza renovada cada año que pasa de la muerte del invierno a la vida de la primavera. Basta abrir los ojos para encontrarnos con Dios. El cielo, las montañas, el mar... Todo es don de Dios. A través del libro del mundo podemos llegar al autor de todo.
¨ En la HISTORIA, lugar de las gestas de Dios, donde se manifiesta su plan de salvación. En cierta manera para el cristiano, toda historia es sagrada, porque es revelación de Dios y de su proyecto de amor sobre el mundo. Por eso dos lecturas son obligatorias para todo joven lasallista. La Biblia, en particular el Evangelio, donde Dios se ha hecho Palabra y el periódico o el telenoticiero, donde cada día puedo descubrir el rostro de Dios a través de los acontecimientos del mundo ante los cuales no puedo ser indiferente.
¨ En MI MISMO, templo de la Trinidad. Cuanto más penetro en mi mismo más me encuentro con Dios. Fue la experiencia de San Agustín: "Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé. Tu estabas dentro de mí y yo fuera y por fuera te buscaba y me lanzaba sobre las cosas hermosas creadas por Ti".
2. Buscar su voluntad:
En segundo lugar, el espíritu de fe, nos invita a buscar siempre la Voluntad de Dios. En el fondo se trata de buscar qué es lo más conveniente ahora para la realización del designio salvífico de Dios. Es interesante ver que nuestro Fundador en sus escritos cita cuatro veces el texto de Juan: He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. (Jn. 10,10). La voluntad de Dios es la vida plena de la persona humana. Por eso, porque he experimentado en mi vida la acción amorosa y liberadora de Dios, por eso me decido a compartir con mis hermanos y hermanas la experiencia vivida y a comprometerme en la obra de Dios como le gustaba decir a La Salle.
3. Confiar en su amor:
En tercer lugar, el espíritu de fe es confiar siempre en Dios, abandonarme en sus manos. Y puedo hacerlo porque el Señor está siempre ahí, en el interior de mi historia. Por eso La Salle insiste tanto en la presencia de Dios y puedo hacerlo, porque el Señor no solamente está ahí, sino que también conduce mi historia y la historia de los hombres. Aquí se encuentra una de las principales intuiciones lasalianas: Dios nos busca primero, antes que nosotros a Él; Dios ya está presente, Dios nos guía. A nosotros nos corresponde abrirnos a Él, reconociéndolo por la fe.
El Fundador nos dice cómo experimentó en su propia vida esta presencia y esta guía de Dios: "Dios que conduce todo con sabiduría y dulzura y que no acostumbra forzar la inclinación de los hombres, queriendo comprometerme a tomar enteramente cuidado de las escuelas, lo hizo de una manera imperceptible y durante mucho tiempo, de manera que un compromiso me llevaba a otro sin haberlo previsto desde el comienzo ". ¿No será este Coloquio para ustedes una llamada de Dios para un mayor compromiso?
CONCLUSIÓN
Queridos jóvenes lasallistas, quisiera para terminar, compartir con ustedes una de las experiencias más hermosas que he vivido como Superior General. En el mes de diciembre pasado participé, en Sydney, Australia, en el sexto Encuentro de Jóvenes Lasallistas organizado por la PARC ( Asia, Pacífico). Había 180 jóvenes provenientes de países de muy diversa cultura y religión como Japón, Tailandia, Sri Lanka, Filipinas, Singapur, Australia y Papua Nueva Guinea y Nueva Zelanda.
Lo que más me impresionó del Congreso de Australia fue ver cómo jóvenes de tantos países, culturas y hasta religiones diversas se encuentran identificados con los valores lasallistas de fe, comunidad y servicio, en los que encuentran un sentido para sus vidas. En pocas partes he visto una interiorización y una vivencia mayor de estos valores.
Con relación a la fe me impactaron las oraciones realizadas por el grupo con mucha libertad y creatividad pero también con mucha profundidad y capacidad de silencio; a nivel de la comunidad se dio un hecho que me impresionó profundamente. Uno de los jóvenes de Nueva Zelanda en el momento de presentar la experiencia de su grupo se sintió conmovido hasta las lágrimas, y en ese momento, espontáneamente, todos sus compañeros de delegación se levantaron, lo rodearon, lo abrazaron, lo alentaron a seguir adelante. Creo que esto vale más que muchas palabras sobre la fraternidad. Finalmente con relación al servicio, al final del encuentro, y después de haber tenido la oportunidad de visitar experiencias concretas en Sydney, fue muy claro el deseo de todos de hacer algo por los demás y la pregunta que más se repitió fue: ¿Qué podemos hacer?
La respuesta a esta pregunta, en clave lasallista, no puede ser otra que comprometerse de forma clara y enérgica en favor de los miembros más frágiles y vulnerables de nuestra sociedad. Nuestro último Capítulo General nos ha invitado a estar muy atentos a los nuevos tipos de pobreza que hoy afectan a nuestro mundo. Sabemos, por otra parte, que La Salle nació para los pobres. Lo que dije a los Hermanos el día de mi elección y que compartí con los jóvenes lasallistas durante las Jornadas Mundiales de la Juventud en Roma, me parece que para ustedes debe tener plena actualidad: ¿No deberíamos nosotros hoy vivir nuestro carisma a partir de los niños y jóvenes pobres que siguen siendo el eslabón más frágil y vulnerable de nuestras sociedades? Además de los problemas de afecto y los abusos que se dan en el interior de las familias, muchas veces desintegradas, en muchos lugares los niños se ven abocados a otras situaciones no menos degradantes. Sin pretender abarcarlos a todos podemos pensar en los niños trabajadores, los niños de la calle, los niños soldados o víctimas de la guerra, los niños vendidos, los niños desnutridos, los niños sin educación... ¿No serán ellos los encargados de dinamizar y reavivar nuestro carisma? ¿No será en ellos en donde Dios principalmente se nos revela?
Ojalá al término de este Coloquio se sientan, también ustedes, motivados a vivir con mayor autenticidad los valores lasallistas que nos deben caracterizar, a partir de una profunda fe en un Dios que quiere que todos se salven, de una gozosa fraternidad que les hará superar todas las barreras y de un servicio que manifieste que la vida sólo vale cuando es entrega a los demás. No debemos olvidar que todo joven lasallista, como todo el que participa del carisma de San Juan Bautista de La Salle está llamado a ser un SIGNO de Dios para el mundo.
Ustedes jóvenes tienen hoy la antorcha y el futuro de La Salle en el mundo está en gran parte en sus manos. No nos defrauden. |
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