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Mensaje a los Jóvenes Lasalianos 2003
Hermano Álvaro Rodríguez Echeverría
Superior General
Roma 1 de septiembre de 2003
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CONTAMOS CON USTEDES
Queridos jóvenes lasalianos:
Al término de nuestro último Capítulo General en el Mensaje final decíamos que contamos con ustedes, con su creatividad, empuje y entusiasmo para hacer realidad hoy en nuestro mundo los ideales lasalianos de fe, fraternidad y servicio.
La Iglesia hoy también cuenta con ustedes. Quisiera recordar al respecto las palabras siempre iluminadoras de Juan Pablo II a los jóvenes en Toronto: La expectativa que la humanidad va cultivando entre tantas injusticias y sufrimientos, es la de una nueva civilización marcada por la libertad y la paz. Pero para esa empresa se requiere una nueva generación de constructores que, movidos no por el miedo o la violencia sino por la urgencia de un amor auténtico, sepan poner piedra sobre piedra para edificar, en la ciudad del hombre, la ciudad de Dios. Queridos jóvenes, permitidme que os manifieste mi esperanza: esos "constructores" debéis ser vosotros. Vosotros sois los hombres y las mujeres de mañana; en vuestro corazón y en vuestras manos se encuentra el futuro. A vosotros Dios encomienda la tarea, difícil pero entusiasmante, de colaborar con Él en la edificación de la civilización del amor (Toronto, n. 4, 27 de julio 2002).
Durante el mes de mayo tuve la oportunidad de participar en México en el III Congreso Internacional de Antiguos Alumnos Lasalianos. Fue una magnífica experiencia, en la que ciertamente, muchos jóvenes jugaron un papel muy importante. El tema del Congreso fue Llamados a servir. Quisiera ahora compartir con ustedes y pedirles los mismos compromisos de servicio que hace pocas semanas pedía a nuestros Antiguos Alumnos. Todos se orientan, en la línea señalada por el Papa, a la construcción de un mundo mejor en donde todos podamos vivir como hijos e hijas de Dios y como hermanos y hermanas entre nosotros.
Jóvenes lasalianos, contamos con ustedes para servir a los niños defendiendo sus derechos
Nuestro Instituto nació para servir a los niños. Sin embargo sabemos que desgraciadamente tanto en el Norte como en el Sur los niños constituyen el eslabón más frágil y vulnerable de nuestras sociedades.
Podemos pensar en el trabajo infantil, en los niños de la calle, en los niños soldados o víctimas de los conflictos armados, en los niños desplazados o refugiados, en el secuestro y compra de menores, en la desnutrición infantil, en los niños abusados, en los niños sin educación, en los niños prostituidos, en los niños no deseados, no amados, no atendidos.
Jóvenes lasalianos contamos con ustedes para hacer de la Defensa de los Derechos del niño una bandera de nuestra familia lasaliana. ¿Qué pueden hacer? Pienso que mucho, ya sea por un servicio directo a través del voluntariado, ya sea por una participación activa en las organizaciones locales que trabajan por defender los derechos de los niños, ya sea por el trato respetuoso y cordial con los niños con los que se relacionan.
Jóvenes lasalianos contamos con ustedes para ayudar a otros jóvenes a encontrar un sentido a sus vidas
La Salle hoy en el mundo está llamado no solamente a ofrecer servicios a los jóvenes, por más importantes que estos puedan ser, sino sobre todo a ayudarles a encontrar sentido para sus vidas. Estoy convencido de que ustedes jóvenes pueden hacer mucho, en este sentido, por sus coetáneos. Porque ustedes viven las mismas experiencias y necesidades; sus frustraciones y esperanzas.
Por eso es importante que estén muy atentos a las nuevas pobrezas que el mundo juvenil nos presenta y echen una mano allí donde sea necesario. Que ayuden a los jóvenes angustiados por un futuro incierto, sumergidos en un mundo tecnificado, invadidos por el imperialismo del sexo o de la droga, tentados por el individualismo e intimismo, a salir de sí mismos entregando generosamente sus vidas al servicio de los demás sobre todo de aquellos jóvenes más necesitados o en situación de riesgo.
Estoy, también, convencido de que ustedes jóvenes son los mejores evangelizadores de otros jóvenes. Están en la misma sintonía de onda y pueden comprender mejor sus carencias, proyectos e ideales. Por eso los invito a ser testigos de las bienaventuranzas ayudando a los jóvenes a tomar conciencia de sentirse amados, valorados, bendecidos. A testimoniar, en una sociedad en donde todo se vende y se compra, la gratuidad que nos permite desarrollar la capacidad de contemplar, de agradecer, de maravillarnos ante el misterio o la belleza. A hacer visible con sus vidas a ese Dios invisible al que podemos conocer mejor a través del amor humano.
Jóvenes lasalianos contamos con ustedes para servir a los pobres y excluidos
Para esto es importante conocer la realidad y ser sensibles ante ella. Existen los pobres y son la mayoría. Tres cuartas partes de la humanidad o sea cerca de 4.000 millones de personas. Esta situación lejos de disminuir se ha incrementado durante los últimos 20 años y no parece que se pueda revertir por las presiones internacionales que hacen que los gobiernos tengan que emplear políticas de recorte social.
Debemos contemplar a los pobres con los ojos del Dios de Jesús, el Padre de la vida, y escuchar su clamor. Sabemos que de la mirada de Dios al mundo nace la misión del Hijo de Dios en la historia como misericordia solidaria. El reto que se nos plantea es ser misericordiosos como el Padre es misericordioso. Se trata de una misericordia solidaria que implica dejarnos afectar por los sufrimientos de los demás, actuar contra los sufrimientos evitables y asumir la tarea de encontrar caminos de esperanza y de transformación.
Los invito muy particularmente, a estar atentos a las realidades que nos presentaba nuestro 42º Capítulo General de 1993, hace ya diez años y que por desgracia no han dejado de aumentar: "flujos migratorios, racismos, violencias urbanas, terrorismos, toxicomanía, pérdida de valores humanos, crisis de fe, rechazo de la fe religiosa, atracción a las sectas, desempleo, sida, hambre, analfabetismo, niños de la calle, personas desplazadas, desprecio de la vida, fragmentación de la familia, exclusión familiar..." (Circular 435, p.22).
A nivel europeo me parece que debemos prestar atención especial al fenómeno de la emigración y del racismo. Ustedes jóvenes tienen menos prejuicios que los adultos; ayúdennos con su trato libre, abierto, tolerante hacia los diferentes a tener un corazón siempre abierto y a buscar las mejores soluciones para aquellos que viéndose obligados a dejar su hogar, sus amigos, su ambiente y su país, buscan empezar una nueva vida de dignidad y de trabajo.
Jóvenes lasalianos contamos con ustedes para crear lazos de fraternidad
Una de las experiencias más impactantes durante mis viajes por el mundo lasaliano es la experiencia de fraternidad que encuentro en cada una de nuestras escuelas. Particularmente durante mi viaje al sudeste asiático en enero y febrero de este año pude comprobar cómo nuestros centros son lugares de diálogo, respeto, tolerancia y convivencia entre personas de diferentes culturas y religiones. He admirado mucho la manera como los jóvenes en estas escuelas son capaces de superar las diferencias y de vivir la fraternidad.
Como no me canso de repetir todo lasaliano, y no sólo los que llevamos el nombre de Hermano, debe sentirse hermano o hermana del otro, con un corazón siempre abierto. Formamos una familia y esto debe ser visible en el tipo de relación que se da entre nosotros. En esta Familia, ustedes jóvenes tienen un puesto muy especial, porque ustedes nos deben empujar hacia el futuro y para buscar con audacia respuestas creativas que respondan a las necesidades que hoy el mundo nos presenta.
Quiero compartir con ustedes una experiencia de fraternidad que me ha marcado profundamente. Tuve la suerte hace dos años de participar en un Congreso de jóvenes lasalianos de Asia-Pacífico, y me impresionó mucho el hecho de que cuando uno de los representantes del grupo "Brothers in action" de Nueva Zelanda estaba haciendo la presentación de uno de sus proyectos de servicio y se emocionó hasta las lágrimas, toda su delegación se levantó y lo rodeó, dándole ánimo y compartiendo sus sentimientos. Fue maravilloso. Y pienso que es un signo que habla más que muchas palabras de la calidad de su amistad y de su gran solidaridad. Personalmente lo interpreté como una manifestación extraordinaria del valor de la fraternidad que nos anima a los lasalianos. Si el servir a los demás emociona, el sentirse apoyado por los demás en estos proyectos de servicio a los que más necesitan de nosotros, refuerza el compromiso y lo hace más eficaz.
Jóvenes lasalianos contamos con ustedes para ser constructores de paz en un mundo dividido
Creo que estamos viviendo un momento de gracia en el que está creciendo la conciencia por un lado de que la guerra nunca ha sido ni será una solución y por otro que debemos crear y desarrollar una cultura de la paz; que nuestra opción es por la vida, por los pobres y por los que sufren. Me gusta mucho el termino inglés "peacemaker". Creo que define muy bien la actitud en la que permanentemente debemos vivir. Un no a la guerra debe traducirse en un Sí a la vida y a una vida plena. A esto invita, también Juan Pablo II a los jóvenes en su Mensaje para la XVIII Jornada de la Juventud de este año 2003, al presentarnos a Cristo muerto y resucitado como vencedor del mal y de la muerte: En este tiempo amenazado por la violencia, por el odio y por la guerra, testimoniad que Él y sólo Él puede dar la verdadera paz al corazón del hombre, a las familias y a los pueblos de la tierra. Esforzaos por buscar y promover la paz, la justicia, la fraternidad. Y no olvidéis la palabra del Evangelio: Bienaventurados los que trabajan por la paz porque ellos serán llamados hijos de Dios (Mt 5,9).
Jóvenes lasalianos contamos con ustedes en nuestro deseo de servir a la unidad de la familia humana mediante el ecumenismo y diálogo interreligioso
Una fuerte experiencia que viví en mi reciente viaje al sudeste asiático, durante los meses de enero y febrero de este año, fue el comprobar cómo los valores lasalianos pueden ser fuente de inspiración y encarnarse en las diversas culturas y religiones. El testimonio en Hong Kong, Singapur, Malasia de jóvenes lasalianos de diferentes religiones unidos en los mismos ideales fue para mí una verdadera revelación. Había experimentado algo semejante en el encuentro de Jóvenes lasalianos de Asia-Pacífico, que ya he mencionado, al ver como jóvenes de tantas culturas y religiones diversas eran capaces de vivir una profunda fraternidad y se sentían identificados por los mismos valores.
Para ustedes, jóvenes cristianos, esto no significa renunciar a los valores evangélicos capaces de purificar y enriquecer toda cultura. La persona y el mensaje de Jesús de filiación, fraternidad, amor incondicional, perdón sin límites, son la mayor riqueza que podemos dar al hombre en su relación con Dios, con los demás y con el mundo. Pero al mismo tiempo, deben desde una vivencia profunda de su propia fe abrirse cada vez más a un diálogo ecuménico e interreligioso que les permita ser constructores de una sociedad más fraterna y justa en la que las diversidades son asumidas y respetadas.
Conclusión
Ustedes jóvenes lasalianos deben ayudarnos, con su espíritu tolerante y abierto a vivir con más intensidad el carisma, la espiritualidad y la comunión en una vida de fe que descubre a Dios en la realidad, a la luz de la Escritura y para las personas de otras religiones en sus propios textos sagrados. A traducir esta fe en fraternidad, porque más allá de las diferencias nos sintamos hermanos y hermanas. Y a que esta fraternidad se transforme en servicio para lograr un mundo más humano y más solidario, para ser constructores de paz y reconciliación, para lograr que los pobres puedan tener lo necesario para vivir dignamente y en donde la creación sea respetada, protegida y amada.
Termino con las palabras que Juan Pablo II dirigía a los jóvenes en la Jornada Mundial del 2003: Vosotros queridos jóvenes tenéis más o menos la misma edad que Juan y el mismo deseo de estar con Jesús. Es Cristo quien os pide hoy expresamente que os llevéis a María a vuestra casa para aprender de ella que conservaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón (Lc 2, 19), la disposición interior para la escucha y la actitud de humildad y generosidad que la distinguieron como la primera colaboradora de Dios en la obra de la salvación. |
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